Sample Text

La escritura nos convierte en simples piezas entre la extensión del espacio y el tiempo, pero a la vez nos exige salir de lo convencional para explicar la realidad, como quien por voluntad propia abre un paréntesis para detener el tiempo y suceder en un espacio fuera del regular. La escritura en una palabra nos permite morir siguiendo la luz al final del túnel y seguidamente en otro palabra aparecer en una sala de parto; nos permite viajar por las dimensiones de lo real, lo irreal, lo externo y lo interno. La escritura nos permite eso y más.

Bienvenido a este viaje escrito “Sólo para locos, la entrada cuesta la razón.”

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jueves, 14 de agosto de 2014

Jugando a ser...

Jugando a ser Cortázar:
Andábamos separados, pensándonos, pero sin buscarnos.

Jugando a ser Neruda:
Nosotros, los de ahora, queremos ser los de entonces.


lunes, 30 de junio de 2014

La victoria contra el tiempo

El tiempo es esa mosca que no nos deja comer, es ese sabor desagradable en la mañana. No hay vencedor contra él, ni yo soy tan estúpido para revelarme, ni es tan débil como para dejarse ganar. Así que, solo hay una opción, su victoria. ÉL ganó. ¿Qué queda? Nada. Seguir. Pero el tiempo también es ese cuadro en la pared, esa foto en la pc, esa sonrisa de picardía, ese recuerdo que quieres repetir… El tiempo es una anestesia.

¿Es bueno y malo? ¿Nos vence y nos hace feliz? Si, el Dios tiempo; pero déjame contarte un secreto que una vez me contaron a mi… (que solo quede entre tu y yo, es una locura, una rebelión de estúpidos, pero funciona -creo-) ¿Cuál? La victoria contra el tiempo ¿no me crees? Escucha: El tiempo sigue, no para, esa es su mayor virtud, pero también es su talón de Aquiles. ¿Cómo lo vences? Bueno, repitiendo los hechos… ¿Qué? Si, como leíste. El tiempo es el verdugo que nos venció, y un día, una noche clara, fría, ese pequeño monstruo no estará… te veré a los ojos, tú a los míos, el reflejo iluminará nuestro rostro y no hablaremos… las palabras son artilugios de la mente, no son sentimientos, ellos son el lenguaje de las miradas. Hablaremos solo viéndonos, con el cuerpo, juntos, como lo hicimos antes… mis dedos recorriendo tu espalda, mis labios rozando tu cuello… Chao tiempo. Volveremos a ser, y el demonio, con sus relojes, horas, minutos y segundos, arderá en el recuerdo que se repite, en el recuerdo que se le escapó, y que el amor hizo suyo para volverlo a interpretar... mientras cronos, es solo un espectador furioso, un esposo viendo a su mujer con el amante... un bobo que vencimos con sudor, saliva y calor.

Hay un problema, ¿Qué? Ese día es una incógnita, como es la vida, no se sabe cuándo llegará. Hay que esperar el momento exacto, esperar, como soldados clandestinos para atacar en el momento justo. Puede ser que ese día quizás llegue y no aprovechemos la oportunidad, o sea, perdimos. O quizás, le demos esa estocada final al tiempo con la daga del amor... pero de ese amor real, ese amor que no se posee, sino que se hace.

Ya el tiempo ganó el primer round, solo queda esperar el segundo y ver qué pasa. Tú qué opinas:

¿Moriremos en manos del tiempo, o en manos del amor?







viernes, 2 de mayo de 2014

¿Meditaciones?

Estoy de pie frente al mundo, observo la fotografía panorámica de mí historia. Observo mi pasado, mi presente (que no existe, como mi pasado). Pero, soy lo que sobra de algo que no existe, soy lo que recuerdo que fui y no recuerdo mucho. Olvidar es el germen de la memoria, el juego que se encarga de engañarnos en contraposición de la rebeldía humana de recordar y recodar. Todo, todo cabe dentro de nuestra consciencia, todo como en una caja de pandora, con su malvada psicología. Proyectar el futuro, asumir una decisión, dolorosa, como en el fondo son todas las decisiones. Escoger una y desechar otra, con la incertidumbre de la posibilidad. La incertidumbre es un miedo que la vida moderna no se da el lujo de asumir, aunque sea básicamente el ingrediente principal de la misma. La vida es nuestra, y de otros, la vida plenamente tuya sola es remplazada por el constructo de un nosotros. Un nosotros cómodo y a gusto, un nosotros que devora presentes y escupe pasados, o sea, digiere tiempo. No sé lo que soy, sino sé lo que somos y capaz no lo sabremos… ¿Para qué si todo perece? O ¿se transforma? La libertad de todos es la libertad de uno, pero la de uno no es la de todos. Aunque, en la libertad de todos se encuentra un miligramo de esclavitud, esclavitud de un todo que supera el yo. La libertad no es igualdad, ni viceversa. Y quizás, el  todo es una igualdad que hay que pagar por la libertad, contradiciéndose a sí misma. Convirtiéndola en una falacia lógica. O sea, ¿La libertada no existe? ¿O existe por encima de nosotros como un todo? Respóndame por favor, estoy de pie frente al mundo y solo me sostiene la duda... Esa duda que nunca me abandona, una duda con trastornos de la personalidad, pero sea como sea, nunca muere y por eso yo tampoco quiero morir, porque el afán de conocimiento y de aprehenderlo todo no me lo permite, aunque sea una quimera imposible y egocéntrica... Estoy de pie frente al mundo.

martes, 3 de diciembre de 2013

Recuerdos y arte

Recordar es un arte y el arte es un recuerdo incompleto. El recuerdo es sobrevivencia.  Toda nuestra vida se sostiene en recuerdos.  El recuerdo es estabilidad, sin él  nada somos, no hay personalidad, no hay conocimiento, no hay historia. Pero todos, absolutamente todos, sabemos que el recuerdo nunca basta. Nunca. Siempre existe un quiebre entre la primera impresión y el recuerdo. Esta es una de las razones por las que surge el arte. Para recuperar, sostener, sustentar, inmortalizar y transcender nuestros recuerdos. Pero tampoco alcanza, un poema puede expresar un sentimiento, pero no lo recrea. Una novela, un cuadro, una película, una canción, ninguna alcanza. Ninguna. Nada suplanta la materialidad de la emoción, nada suplanta la impresión subjetiva de lo emocional. Nada, absolutamente nada, remplaza al presente.  

lunes, 24 de diciembre de 2012

Amor.


Nacemos sin opción, por obligación. Crecemos y creemos que la vida es un privilegio, pero no, la vida es martirio. Somos tan desdichados, que vivimos junto a otros “obligados”, otros “mártires”, restregándonos la pena de vivir en la cara. Imponiéndonos soluciones para esa pena, soluciones absurdas. Sufrimos, lloramos, perdemos y hasta nos entristece cuando alguien se va de éste martirio que le obligaron a vivir, qué irónico. Si, es cierto, a veces somos felices, pero la felicidad no es más que el concepto que le adjudicamos a esos momentos pasajeros que por un instante nos permiten olvidar la pena de vivir. Estamos condenados, no hay solución para éste castigo.

Bueno, me equivoco. Si hay solución, hay una sola. Y es sin importar la edad, la época, la raza, la religión y todas esas trabas falsas que nos creamos para al menos proporcionarle un poco de sentido a nuestras vidas, compartir nuestra pena de vivir, pero compartirla en la intimidad, en lo mas profundo de nuestro ser compartirla con el otro, uniéndonos como dos seres que vinieron al mundo sin quererlo, pero que admiten quedarse en él porque encontraron la manera de unir esa pena con la que se nace, no solo unirla y compartirla, sino aliviarla y hasta curarla. Ésta solución que nos alivia, nos hace feliz y en contra de toda nos impone el deseo de vivir se llama: amor.